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Publicado el 04-19-2010
Adiós
Ofelia
Por Ninoska Pérez Castellón
Diario Las Americas
Murió Ofelia Arango. Como a tantos cubanos, le tocó
morir en el destierro, lejos de su amada Cuba. Fue madre,
esposa, viuda, profesional, hermana, amiga, cubana hasta
la médula y sobre todas las cosas, una patriota.
Cada vez que miro la foto de Ofelia y su esposo Ñongo
Puig que aparece en el libro de su primo Néstor
Carbonell, And the Russians Stayed, no puedo evitar
sentir el daño que el régimen de Fidel Castro infligió a
tantos cubanos. Aquella risueña pareja llena de juventud,
amor y fe en el mañana, agarrados de mano en la playa de
Varadero, jamás pudo imaginar que unos meses después con
la llegada a Cuba de una doctrina llena de odio y rencor,
sus vidas cambiarían para siempre.
La revolución llegó a Cuba con la fuerza de un vendaval,
destruyendo todo lo que encontró en su camino. El
paredón de fusilamiento, la represión y los
encarcelamientos eran la orden del día en un país que
había caído bajo la nefasta influencia de un encantador
de serpientes. Pero a Cuba nunca le faltaron hombres y
mujeres soñadores. Cuando hay principios y se lucha por
un ideal, es difícil sustraerse a las obligaciones.
Ñongo Puig había logrado salir de Cuba y se podía haber
quedado en el exilio. Junto a su hermano Rino, casado a
su vez con la hermana de Ofelia, Iliana, tomaron el
camino más difícil, el de luchar contra la injusticia
que prevalecía en su patria, hasta ver a Cuba libre.
Activos dentro de la Resistencia, luchando por poner fin
a la ola de muerte y represión que arrasó a Cuba a
partir de 1959, ambos fueron arrestados. Rino fue
condenado a 15 largos años de prisión, Ñongo fue
asesinado frente al paredón de fusilamiento un 20 de
abril de 1961, mientras Ofelia se encontraba en prisión.
Es difícil, por un sólo instante imaginar algo así. Las
últimas palabras de aquel joven idealista a su esposa
antes de morir fueron; “Ofe, tranquila, hay muchos que
no saben por lo que mueren, yo si sé que muero por una
causa justa y noble.”
Tras aquella hora de infortunio, Ofelia, marchó al
exilio con su corazón roto y sus cuatro pequeños hijos,
Manuel Enrique, Claudia, Carolina y Mónica. Trabajó,
estudió y no se dejó vencer por la adversidad ni por las
heridas que jamás se borraron de su corazón. Hoy me
pregunto: ¿quién preparó a nuestras madres a enfrentarse
a la vida después de la maldita revolución que ha
derramado tanta sangre y causado tanto dolor a Cuba? ¿Quién
las enseñó a abrirse camino en una tierra extraña,
siempre con la frente en alto, siempre con el bienestar
de sus hijos como prioridad? ¿De dónde, me pregunto,
sacaron las fuerzas estas mujeres para secarse las
lágrimas, no quejarse, trabajar duro y trasmitirnos los
valores, los ideales y los principios por los que
supieron entregarlo todo? Son heroínas, las verdaderas
heroínas de nuestros tiempos. Son faro y luz que nos
enseñaron el camino con el ejemplo de sus vidas. Nuestro
compromiso con la causa por la que lo dieron todo, es
ineludible.
En una ocasión Ofelia me llamó tras haber escuchado a un
oyente en mi programa radial que abogaba por el
mejoramiento con el régimen de Fidel Castro. Me citó las
palabras de Voltaire: “Quien es misericordioso con los
crueles, termina siendo cruel con los misericordiosos.”
Era su forma de decirme, que el hacer concesiones con
los victimarios, siempre perjudicaría a las víctimas.
“No dejes nunca de hablar de Cuba, no olvides nunca a
aquellos que lo dieron todo a cambio de nada y murieron
con una estrella en la frente” fue su consejo.
En el 2003, junto a Mirta Iglesias nos dimos a la tarea
de recoger testimonios para el Libro Cuba Mía, Ofelia
escribió lo siguiente:
“Cuba es mi Patria. Tengo ahora una segunda patria que
he aprendido a querer, pero Cuba es mi Patria. Era bella,
hermosa, radiante, alegre, suave, acogedora, confiada,
inteligente, bondadosa, triunfadora y era libre. En Cuba
nací, allí me crié, pasé mi infancia, mi adolescencia,
me hice mujer, me casé y nacieron mis cuatro hijos. En
ella pasé los momentos más felices de mi vida y también
los más dolorosos. Cuando me fui dejé todas mis raíces,
todos mis recuerdos, toda una vida. Pienso en ella
siempre. No la olvido nunca. No la puedo olvidar. Sé que
algún día volveré, porque ella volverá a ser libre. Y
allí en mi Patria descansaré.”
Para quienes fuimos arrancados de niños de nuestro suelo,
y hemos vivido nuestras vidas en tierra prestada, a
veces los recuerdos son simplemente unas cuantas fotos
en blanco y negro. Decía el escritor chileno Alberto
Baeza Flores: “La peor desdicha es no poder regresar a
lo que se amó un día, al sitio donde se vivió y se fue
feliz”. Regreso a la foto en Varadero. Ofelia y Ñongo
con sus manos entrelazadas, acariciados por la brisa de
un mundo desaparecido. Medio siglo después los veo
nuevamente tomados de la mano, de regreso a esa Cuba que
tanto amaron y por la que supieron vivir y morir tan
dignamente.
Adiós Ofelia. |