| |
AÑO 2002
Carta al Excelentísimo
Señor Jorge Batlle, Presidente de la República Oriental
del Uruguay.
Miami, 10 de abril de 2002
Excelentísimo Señor Jorge Batlle
Presidente de la República Oriental
del Uruguay.
Montevideo, Uruguay
Excelentísimo Señor Presidente:
Por más de tres décadas, las guerrillas, la subversión y
la violencia han impuesto su lenguaje de muerte y
destrucción en nuestra América con el explícito
propósito de tomar el poder político e imponer regímenes
totalitarios. Uruguay lo enfrentó con decisión en su
momento y con la sangre de sus hijos impidió que su país
sucumbiera.
Por muchos años también, el régimen cubano negó ser el
promotor de esa violencia en el área. Pero cuando en
1998 Fidel Castro se sintió lo suficientemente
respaldado como para reconocer, públicamente, que con la
excepción de México, él había promovido la “revolución”
en todas las naciones de Latinoamérica, el único país
que protestó airadamente por el daño sufrido fue,
precisamente, Uruguay.
Hoy, en su persona, Uruguay ha alzado su voz a favor del
olvidado pueblo cubano. En los últimos 43 años Castro ha
sido el agresor, no solamente de otros países, sino
también de los propios cubanos. Con una ferocidad mayor
que cualquiera de las otras dictaduras de América
Latina, los cubanos han sufrido a manos de Castro los
fusilamientos, la prisión, la tortura, la violencia
policial y paramilitar, la ausencia de una justicia
independiente o imparcial, la falta de las libertades
básicas de expresión, prensa y movimiento, el derecho a
asociarse políticamente y el de elegir y ser elegidos
libremente.
Con su acción, Señor Presidente, América Latina ha
sentado finalmente al dictador cubano en el banquillo de
los acusados por sus crímenes contra el pueblo de la
isla. Su coraje y decisión han abierto una importante
puerta que, en un momento no lejano, podría dar paso
también a que se le siente en el banquillo por los
crímenes cometidos contra otros pueblos como el
uruguayo.
Que nuestra petición el pasado 14 de febrero, durante la
inauguración de las nuevas oficinas de la embajada de
Uruguay en Washington, haya prosperado, nos confirma que
la fe puesta en usted y su vocación por la justicia, era
correcta. Gracias, Señor Presidente, en nombre de los
millones de cubanos que en la isla sufren encadenados,
gracias en nombre de los millones también de exiliados
cubanos que soñamos con el regreso a la patria, gracias
en nombre del Consejo por la Libertad de Cuba y en el
mío, por el honor y orgullo de ser su amigo.
De usted, atenta y afectuosamente,
Elpidio Núñez
Director |